
Si te acomodas, estás condenado a ser tentado.
Proverbios 20:13 (Nueva Versión Internacional)
13 No te des al sueño, o te quedarás pobre; mantente despierto y tendrás pan de sobra.
Dios te reta. El problema con el acomodamiento es que la tentación puede entrar en tu vida y desviar tu atención de lo que estás cuidando: tu integridad, el fruto de tu trabajo, tu ministerio, tu familia, tus dones, etc.
En varias ocasiones, bromeo con mi equipo de trabajo sobre cómo acostumbramos a sentarnos, ocupando el mismo lugar siempre, reunión tras reunión. ¿Cuántas veces nos hemos apresurado para sentarnos en la misma silla durante un servicio dominical, el mismo que hemos ocupado ya por años? Lo mismo sucede en salones de clase, grupos en casa, parques, cines, etc. Nos acomodamos en una posición por temor a conocer los nuevos retos.
Fisiológicamente, el cansancio, es “un disfraz” del acomodamiento y puede observarse como (1) falta de energía, o bien, (2) falta de motivación. No importa la manifestación del acomodamiento, cualquiera corre el peligro que una vida entera pase delante de sí por su falta de adaptación al cambio.
Un encuentro con Dios genera un cambio en tu vida y en la de cualquiera. El hecho de que Él anhela subirnos a nuevos niveles (o alturas), requerirá que estemos dispuestos a cambiar y entregar todo para encajar en aquello que ahora él está encomendándonos.
Aplicándolo al Ministerio, por ejemplo, en ocasiones me impresiona comprender que Dios NO nos llama a realizar tareas fáciles. Por lo tanto, requiere mucho de nosotros y nos reta. Siempre, los sueños más ambiciosos conllevan grandes retos y son más grandes que nosotros mismos.
El Apóstol Pablo, quien llevó una vida llena de retos, aún en edad avanzada, pasó por vastas aflicciones, previo a su gran recompensa. No hay edad para dejar de tener retos y desafíos, como tampoco para dejar de tener aflicciones por cumplirlos.
Es nuestra decisión si deseamos tener aflicciones por pertenecer al Reino de los Cielos o tenerlas por pertenecer a este mundo. Hace un tiempo escuché a alguien decir que, sólo existen tres tipos de personas: (1) quienes han salido de un problema, (2) los que están en medio de uno, y (3) los que están por entrar en uno. Todos, sin falta alguna, sufrimos problemas y aflicciones. En consecuencia, nuestro cuerpo puede desgastarse, pero Pablo dijo que mientras nuestro hombre exterior se desgasta, el interior se fortalece (2 Corintios 4:16).
“Echa tus cargas sobre mí”; “mi yugo es fácil y ligera mi carga”. Al echar nuestras cargas sobre Él, Jesús nos asegura que cargaremos otras, porque nadie es libre de ellas aún cuando decidimos servirlo. Es un intercambio. Pero también nos promete que las suyas son más ligeras que las nuestras. Si se trata de tener aflicciones por el acomodamiento, o tenerlas por la decisión de aceptar el reto de seguirlo, deberías entonces preferir seguirlo. Es tú decisión.
No tengas miedo a los desafíos que Dios pone delante de ti. Él te cubre bajos sus alas par que no temas mal alguno. No te dejará cargar una cruz más pesada de lo que puedas soportar. Vamos, acepta el reto de llevar una vida íntegra en su nombre.
"Acepta Retos "
por Fernando Arias