
Propósitos y Metas (Parte III)
por Fernando Arias
Hebreos 11:3
Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía.
Algo que no se veía te creo a ti. Tú eres el resultado visible de algo invisible que te creó a ti. Dios es espíritu, y por consiguiente no puedes verlo con tus ojos naturales, pero sí con los espirituales.
¿Quieres saber cuán semejante eres a Dios?
Dios desde el principio, diseñó todo el universo a su gusto, pero eligió darle al hombre su imagen y su semejanza. Pero, si somos tan semejantes a Dios, ¿cómo podemos comprobarlo, si no podemos verlo?
El hombre está compuesto por tres valores fundamentales: espíritu, alma y cuerpo. Los tres son importantes, y no podríamos descartar uno de esos factores, pues dejaríamos de ser lo que verdaderamente somos.
Así que, para explicarlo de una manera sencilla, eres 33% espíritu, 33% alma y 33% cuerpo, lo que resulta en un 99% de tu composición. De estos tres elementos, ¿cuáles puedes ver, y cuáles no?
Claramente te darías cuenta que el espíritu y el alma son dos componentes invisibles para el hombre, pero que sabemos que están allí. Sólo el 33% que corresponde al cuerpo es algo físico que nuestros ojos naturales pueden ver. ¡Significa que eres un 66% invisible y un 33% visible!
Te das cuenta, entonces, que eres más espiritual de lo que te imaginabas. ¿Ves que en realidad sí te asemejas a Dios?
Recuerda siempre que no eres un ser humano con una experiencia espiritual, eres un ser espiritual con una experiencia humana.
Dios es espíritu, su hijo es su cuerpo y el espíritu es el alma de Dios que está en nosotros. Es su aliento de vida. Él tiene también lo que tú tienes. Eres MUY semejante a Dios. ¿Acaso los hijos no nos parecemos a nuestros padres? ¡Cuánto más el que te conoció primero! Lee también Propósitos y Metas 1 y Propósitos y Metas 2