Propósitos y Metas (Parte II)

por Fernando Arias

En ocasiones anteriores, hemos conocido la diferencia entre tener un propósito y tener una meta (lee “Propósitos y Metas” en esta misma página). Ambas son necesarias y ambas son muy importantes, pero, no olvides que a una meta humana, siempre le antecederá un propósito divino.

Romanos 8:28 dice, “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.”

Atrae mi atención que el versículo haga énfasis en un propósito y no en muchas metas. Es más, si lees detenidamente, te darás cuenta que menciona un solo propósito, es decir, en singular y no propósitos en plural.

El verdadero y único propósito para tu vida viene de Dios y no del hombre. Dios es uno, y no quiere ser compartido con nadie más. Quiere ser el único y verdadero padre de tu vida. No necesita darte muchos propósitos porque “un único te enfoca en Él como tu único”. Tú puedes tener muchas metas (y pueden ser muy buenas) así como propósitos personales, pero Dios tiene uno específico para ti que es mucho más grande que tu propia vida.

Es uno sólo porque de esa forma Él quiere que tu mirada esté puesta en Él únicamente y no en otras cosas. Él te cela y quiere que todos tus sueños y metas (por muchos o muchas que sean) estén alineados a un solo plan que él tiene para tu vida.

Si Dios es eterno y tu no, al menos en el sentido natural, sus planes para tu vida deben ser mucho más trascendentales que los tuyos. La eternidad de Dios se revela desde las primeras palabras de las sagradas escrituras: “En el principio, creó Dios…” ¡Dios existía antes del mismo principio! El Dios eterno que adoramos se revela a sí mismo de esa manera en el primer versículo de la Biblia, y además se identifica como un Dios de la creatividad (“creó”)… un verdadero artista por excelencia.

Así que Dios te conocía antes que tú le conocieras a él. Y desde el principio, tú estabas diseñado para formar parte de su creación en el lugar, tiempo y espacio correctos. Jeremías 1:5: Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones.

Ahora, ¿cómo puedes estar seguro que Dios tiene un plan específico para tu vida, y que lo conocía aún antes que tú nacieras? ¡Tú eres más espiritual de lo que te imaginas!

Hebreos 11:3
Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía.

Lee cuidadosamente las últimas palabras de ese versículo: “lo que se ve fue hecho de lo que no se veía.” El universo que tus ojos pueden ver hoy, fue creado por algo –en este caso alguien- que tus ojos no pueden ver. Tú siempre vas a poder ver un edificio, pero no siempre verás a su arquitecto o constructor, pero eso no significa que alguien lo puso allí con un propósito. Pero así como el edificio y el universo, tú también fuiste creado por algo que no se veía, algo que supera a tus propios padres biológicos, es el Dios eterno que te diseño a su semejanza.

¿Quieres conocer cuán semejante eres a Dios? Lee el siguiente artículo la próxima semana.