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Déjame compartir un principio que recientemente he comenzado a aplicar en mi vida que me ha ayudado a llevar una salud emocional más estable.  Hace un tiempo meditaba sobre los problemas que me “robaban” la paz.  De los más grandes hasta los más pequeños.  Y mientras lo hacía, algo en mí me llevó a recoger una moneda.

 

Viéndola con atención, escuché la voz de Dios que decía: “la mayoría de tus problemas –así como la moneda- tienen dos caras.  Pero tú vez un solo lado a la vez.”    Tomé un marcador y dibujé sobre un lado una cara feliz, y del otro lado, una triste.  El Señor me mostró en ese momento que los asuntos de la vida (como los problemas) tienden a mostrar su lado triste a quien los ve desde ese lado, pero a la vez, un lado alegre a quien los percibe desde el lado opuesto.  

 Reflexionando en las palabras que Dios había sembrado en mi corazón, pensé en lo siguiente: cuando una persona lamenta que el neumático (llanta) de su vehículo aparece desinflado y que tendrá que usar una las monedas en su bolsillo para repararlo, no se da cuenta que otra persona será bendecida al recibir esa misma moneda por reparársela, y consecuentemente, pondrá alimento en la mesa de su familia. Es decir, en medio de una “adversidad”, ¡se ha generado trabajo!  

 Así, brotaron más ideas en mi mente: cuando uno tiene la desdicha de perder una prenda de ropa, es la bendición de quien le venderá la próxima para reponerla.  O cuando alguien sufre de alguna enfermedad, es la oportunidad del médico para ofrecer sus servicios, y a cambio, recibir una moneda por ayudar. En pocas palabras, ¡todo era cuestión de enfoque!  

Lo que normalmente sucede, es que estamos acostumbrados a ver las situaciones desde una sola perspectiva, y lamentablemente, en el caso de los problemas y adversidades, lo hacemos desde el lado triste de la moneda, que usualmente es la única cara en la que solemos fijarnos.  Si dejaran de existir los problemas anteriores, no tendríamos entonces, “pinchazos”, tiendas de ropa, ni médicos, por ejemplo.

 Cuando empiezas a descubrir el propósito de Dios para tu vida, entiendes que en realidad, Dios te creó para resolver un problema.  Aquello que te inquieta, que te indigna y que invade tus pensamientos produciéndote enojo por el deseo de verlo mejorar, es un indicio de lo que Dios quiere y puede hacer a través tuyo en estos tiempos.  Fuiste creado con el propósito de resolver un problema.  De manera que, sin darte cuenta, muchas veces a ti te corresponderá pararte del lado “sonriente” de la moneda cuando está en manos de otras personas; pues a ti te corresponde ser la solución a los problemas de muchos.  Y los demás, ¡muchas veces de los tuyos!  A eso, yo le llamo un “interdependencia social” que sin duda alguna debe existir entre los seres humanos: “Yo tengo lo que tú necesitas, y tú tienes lo que yo necesito”. 

La Ley de la Moneda

por Fernando Arias