El Descanso Correcto

por Fernando Arias

La palabra de Dios afirma que muchos son los llamados y que Dios tiene un propósito para cado uno de nosotros.  En el cumplimiento de los mismos, muchas veces caemos en un agotamiento físico o mental por la presión que el mundo, en el cual estamos cumpliendo nuestro llamamiento en Cristo, llega a ejercer sobre nosotros. Entonces, nos vemos ante la necesidad de encontrar reposo.

Si bien, todo lo podemos en Cristo que nos fortalece (Filipenses 4:13), fuera de él, no podríamos hacerlo todo, pues las fuerzas se nos acabarían.  Por otra parte, Jesús también dijo que tendríamos cargas y aflicciones, pero que en Él siempre encontraríamos reposo y consuelo.

Atrae mucho mi atención los siguientes significados de la palabra “descanso”: aliviar a alguien en el trabajo, reparar las fuerzas, tener algún alivio en las preocupaciones, desahogarse, tener alivio o consuelo comunicando a un amigo o a una persona de confianza los males o penalidades. (DRAE)

Génesis 2: 2-3
Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo (…) Y bendijo Dios al día séptimo, y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que había hecho en la creación.

Contrario a lo que muchas personas creen, Dios no decidió reposar porque estaba cansado, sino porque había terminado lo que había empezado.  Dice el versículo 02: “y acabó…” entonces, reposó.  Decir que Dios descansó porque se le habían acabado las fuerzas sería reconocer que Dios no es todopoderoso.  Además, quedaría inválida la promesa de Filipenses 4:13 de que todo lo podemos en Él quien nos fortalece. Porque, ¿quién quiere ser fortalecido por alguien a quien se le acaban las fuerzas?

Dios finalizó su obra con nosotros y luego reposó de la misma, pero no para olvidarse de ella, sino para demostrar su paternidad.  Un verdadero padre no se esfuerza trabajando para luego comprar un juguete a su hijo sin darle derecho a usarlo; ni tampoco compraría el juguete para disfrutarlo él solo.  Al contrario, el deleite de un verdadero padre, es ver a su hijo gozar el fruto del esfuerzo de su trabajo.  Así también es Dios.  Se deleitó en ver al hombre ejercer su dominio sobre lo que se había creado.  Dios siempre crea el escenario antes de poner a los actores en acción. 

Hebreos 4:10
“Porque el que ha entrado en su descanso, también ha descansado de sus propias obras, como Dios de las suyas”   

Pablo dijo en Filipenses 3:14, “prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús”.  El problema es que muchas veces descansamos antes de cumplir con esa meta a la cual se refería Pablo.  Nos dejamos seducir en el camino por refrigerios incorrectos que sólo entorpecen, desaceleran o en el peor de los casos, desvían nuestra mirada que está puesta en la meta final.

¿Podrías imaginarte a un maratonista corriendo 18 kilómetros pero tomándose un descanso cada 100 metros y por el tiempo que quisiera? ¿Cuál sería su resultado? ¿Cumpliría el propósito de ser un excelente atleta? Claro que no.  Los descansos hay que aprender a tomarlos.  Así como hemos educado nuestro cuerpo a reposar seis u ocho horas al día antes de exigirle nuevas fuerzas al día siguiente, también debemos educarnos a reconocer los descansos adecuados en la carrera de nuestro llamado en Cristo Jesús.

Hay muchos siervos de Dios que han hecho de una carrera que debía haberse terminado hace mucho tiempo, una interminable tarea. Y Dios nos es un Dios de “pendientes”, es un Dios de “terminaciones y cumplimientos”.  Esto es semejante al pueblo de Dios que salió de Egipto para ir a la tierra prometida.  La carrera de atravesar un desierto debía durar días, pero tardó años en cumplirse.  Tú llamamiento y u obediencia deben ir de la mano para que todo sea realizado en el tiempo de Dios y no en el de este mundo.

No dejes seducirte por las pausas que este mundo te ofrecen.  En su mayoría, son tentaciones que sólo reducen tu velocidad y detienen las bendiciones que Dios tiene para ti.  Sigue corriendo hacia la meta.  El mejor premio de alcanzar una meta en esta tierra, no te lo da una medalla, ni un diploma, mucho menos unos aplausos, eso te lo da tu Padre que te ve desde los cielos y te dice, “bien hecho, hijo(a) mío(a), en lo poco has sido fiel, sobre mucho te pondré…”

Aprende a reconocer los descansos de Dios: su Palabra, oración, adoración, comunión, que te dan nuevas fuerzas para seguir adelante, de los descansos que este mundo te ofrecen: acomodamiento, mediocridad, dejadez, conformismos que sólo sirven de obstáculos para cansarte o desviar tu atención de lo que tienes por delante.

Mateo 11:29-35 (Reina-Valera 1960)
29 Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; 30 porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.

El descanso para tu alma empieza cuando aprendes ser como Jesús (manso y humilde corazón). Echa tus cargas sobre tu Dios y empieza a llevar un yugo más ligero.  ¿Quién quiere correr la carrera con una carga que no es la suya?

Es tiempo que retomes la carrera que Jesús te pidió que corrieras.  ¿Sabes algo?, nadie la puede correr por ti.  Tienes que dejar esos puntos de descanso que has tomado, y comenzar a correr de nuevo, como lo hiciste cuando escuchaste el disparo de salida.  Nada te detenía, eras una saeta bien definida, pero desviaste tu mirada y decidiste tomar descansos que Dios no puso allí. 

Retoma tu llamado, corre y llega al supremo premio: ver a Jesús recibiéndote con sus brazos abiertos en la meta y disfruta de una eternidad con tu Padre.