
Si pudieras describirme cómo ves tu horizonte cuando te dispones a soñar, ¿qué mirarías?
Hay varias características que atraen mi atención con respecto a las águilas: (1) su agudeza visual, y (2) la altura de su vuelo, y (3) la envergadura de sus alas.
En Lucas 2: 46 – 52, lees la historia de cómo Jesús, a sus doce años de edad, asombraba a los maestros en el Templo. Además, ¡sus padres quedaron admirados al verlo conversar con tal sabiduría! Por si fuera poco, el versículo 47 dice que “Todos los que le oían se asombraban de su inteligencia y de sus respuestas.” Es decir, si todos se asombraban de las respuestas, es porque eran los maestros quienes estaban haciéndole preguntas al niño y, ¡Él las contestaba “inteligentemente”!
Seguramente, Jesús aparte de haber nacido con un propósito especial en la Tierra, ya reconocía los dones y talentos que Su Padre le había entregado al venir a este mundo. Pero, es quizá la primera vez que sus padres terrenales contemplan el potencial que su adolescente tenía. ¿Acaso no se asemeja esto a cuando tus padres, quizá por primera vez, vieron tu don dar a luz?
Luego, Maria, su madre, afirma que estaban buscándolo angustiadamente. Asimismo, cuando comenzamos a conforme a nuestro llamado, la gente alrededor nuestro se incomoda ante el hecho de que ya no estamos tan pegados a ellos como lo estamos ahora con Jesús. Es más, “…no entendieron lo que les decía.” (v. 50)
Lucas 2 (Nueva Versión Internacional) 51 Así que Jesús bajó con sus padres a Nazaret y vivió sujeto a ellos. Pero su madre conservaba todas estas cosas en el corazón. 52 Jesús siguió creciendo en sabiduría y estatura, y cada vez más gozaba del favor de Dios y de toda la gente.
Treinta años después, Jesús se encuentra en una boda con su madre. Ella, que había conservado todo en su corazón durante el crecimiento de Jesús, lo incita a que, milagrosamente, haga vino.
Juan 2 (Nueva Versión Internacional) 4 —Mujer, ¿eso qué tiene que ver conmigo? —respondió Jesús—. Todavía no ha llegado mi hora.
Como líder de un ministerio, constantemente vienen personas ante mí preocupadas porque no se sienten listos para comenzar a volar rumbo a sueños.
Pero, mientras en lo físico muchos nos preparamos para los sueños, en lo espiritual, ¡los sueños deben prepararse para nosotros! No intentes “sentirte” listo para empezar a volar. Nadie generalmente lo está. Primero, caminas; luego, revoloteas… pero, eventualmente, ¡vuelas!
Con este milagro, Jesús comienza su ministerio. Hacer vino no era una necesidad, ni mucho menos se compara con los milagros que el Señor hizo después en su ministerio. Pero fue el primero, y marcó el paso a lo que vendría después.
Juan 2 (Nueva Versión Internacional) 11 Ésta, la primera de sus señales, la hizo Jesús en Caná de Galilea. Así reveló su gloria, y sus discípulos creyeron en él.
Una cosa obtuvo Jesús del primer milagro… su primer vuelo público: la gente creyó en Él. A los treinta años alcanzó la altura de vuelo que no pudo conseguir cuando revoloteó frente a sus padres a los doce. No que Jesús haya sido insignificante cuando niño, Él sabía lo que valía pero la gente no lo entendió. Sin embargo, en su debido momento, su primero vuelo, como adulto, marcó el inicio de alturas que conquistaron las vidas de pueblos y generaciones enteras.
Volar como un águila requiere determinación. Ante todo, convicción, compromiso y carácter. Pero, una vez hayas desarrollado las alas necesarias para volar así, no habrá horizonte que tu visión no alcance ver. No habrá altura que no puedas soportar.
"Alas de Aguila "
por Fernando Arias