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Proverbios 4:23 nos dice: “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón, porque de él mana la vida.” Aparte de ser un versículo precioso, lleva dentro de sí una verdad que pocos advertimos: guardar nuestro corazón… pero, ¿en dónde?, o ¿guardarlo de qué? He estado meditando en varios versículos que muchos cristianos ya estamos acostumbrados a escuchar, y por lo tanto, recitamos a cabalidad. Sin embargo, hemos dejado de percibir el verdadero mensaje que transmiten a nuestros corazones debido a la frecuencia que los repetimos sin meditar profundamente en ellos. El versículo anterior recientemente capturó mi atención. |
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La Palabra de Dios establece muy claramente que TODO cuanto hagamos, debemos hacerlo con amor. Pero, ¿cómo podemos conocer si lo que estamos haciendo tiene la “medida” suficiente de amor? Es decir, ¿reflejamos una actitud amorosa cuando hacemos las cosas? Medir el amor es difícil, sin embargo, lo hacemos más de lo que piensas. El ser humano, por su naturaleza emocional, es muy selectivo en cuanto a qué amar y qué no. Amamos todo aquello que es afín a nosotros y desechamos o ignoramos emocionalmente todo aquello que no cumple con nuestras expectativas sentimentales |
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La palabra de Dios afirma que muchos son los llamados y que Dios tiene un propósito para cado uno de nosotros. En el cumplimiento de los mismos, muchas veces caemos en un agotamiento físico o mental por la presión que el mundo, en el cual estamos cumpliendo nuestro llamamiento en Cristo, llega a ejercer sobre nosotros. Entonces, nos vemos ante la necesidad de encontrar reposo. Si bien, todo lo podemos en Cristo que nos fortalece (Filipenses 4:13), fuera de él, no podríamos hacerlo todo, pues las fuerzas se nos acabarían. Por otra parte, Jesús también dijo que tendríamos cargas y aflicciones, pero que en Él siempre encontraríamos reposo y consuelo. |
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Cuando estás por iniciar una misión importante, seguramente comienzas trabajando en los lugares en que esperarías encontrar a personas que puedan servirte de apoyo para lograr aquello que necesitas hacer. Eso fue lo que Jesús hizo. Sabía que debía salir al rescate de las almas perdidas dando su vida por ellas, pero no lo haría uno a uno, sino establecería redes de crecimiento que se expandieran por todo el mundo. Pero, ¿dónde podría empezar y a quiénes podría elegir para cumplir esa función?
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Si pudieras describirme cómo ves tu horizonte cuando te dispones a soñar, ¿qué mirarías? Hay varias características que atraen mi atención con respecto a las águilas: (1) su agudeza visual, y (2) la altura de su vuelo, y (3) la envergadura de sus alas.
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La palabra de Dios nos narra, en el libro de Daniel, la aventura por la que unos jóvenes tuvieron que atravesar. El rey dio la orden que llevaran a su presencia a jóvenes apuestos y sin ningún defecto físico, que tuvieran aptitudes para aprender de todo y que actuaran con sensatez; jóvenes sabios y aptos para el servicio en el palacio real. Requerimientos muy específicos para tareas muy especiales.
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Egipto, Desierto y Tierra Prometida En el cumplimiento de cualquier llamado, hay tres factores que no podemos pasar por alto. Estoy convencido que estos tres elementos explican cómo opera el llamamiento de una persona dentro de los planes que Dios tiene para su vida: (1) las personas, (2) los lugares, y (3) los tiempos.
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¿Has puesto atención al primer verbo que aparece en la Biblia? Genesis 1:1 “En el principio creó Dios...” Así es… el verbo “crear”. Desde el inicio, Dios se revela a sí mismo como un Dios creativo: un artista por excelencia, porque todo lo que Dios produce lo hace excelente.
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La Palabra es clara en asegurarnos que Dios tiene la capacidad de conocer las peticiones de nuestros corazones. Pero, ¿haces tú la parte que te corresponde al dárselas a conocer tú a Él?
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La palabra de Dios afirma que muchos son los llamados y que Dios tiene un propósito para cado uno de nosotros. En el cumplimiento de los mismos, muchas veces caemos en un agotamiento físico o mental por la presión que el mundo, en el cual estamos cumpliendo nuestro llamamiento en Cristo, llega a ejercer sobre nosotros. Entonces, nos vemos ante la necesidad de encontrar reposo.
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¿Es mi sueño, el sueño de Dios, también? Para estar seguro que estás soñando un sueño de Dios y no una meta personal inspirada por tu propia naturaleza humana debes hacerte dos preguntas esenciales.
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Un nuevo año nos hace reflexionar el punto en el que estamos (condición actual) y en el que desearíamos estar (condición anhelada).
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El verdadero y único propósito para tu vida viene de Dios y no del hombre.
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Propósitos y Metas (Parte III) Algo que no se veía te creo a ti. Tú eres el resultado visible de algo invisible que te creó a ti. Dios es espíritu, y por consiguiente no puedes verlo con tus ojos naturales, pero sí con los espirituales.
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No hay sueño ni visión que haya nacido en el Corazón de Dios que no incluya personas.
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"Los sueños de Dios tienen un nombre" Dios creó los cielos y la tierra, pero entregó el dominio al hombre...
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Al igual que toda obra humana, las obras que realizamos para el Reino de Dios, también atraviesan un proceso.
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